Los afectos, deseos, todo lo que nos interesa y amamos, puede confundirse con el egocentrismo y alejarnos de lo que verdaderamente hace plena la vida. Desde el discernimiento ignaciano y con la práctica del diario espiritual, podemos desubrir lo que en realidad nos hace hombres y mujeres llenos de vitalidad ¡y gozar el fin para el que fuimos creados!.