Quiénes somos
En México, formamos parte de una comunidad Mundial, Apostólica, de laicos en la Iglesia, con Espiritualidad Ignaciana, para dar nuestro mejor servicio donde más se necesite de acuerdo a nuestros dones particulares
Así nos organizamos
Nos caracterizamos por reunirnos en pequeños grupos de cristianas y cristianos, laicas y laicos que vamos caminando y creciendo en el compromiso del seguimiento de Jesús. En el pequeño grupo es donde cada quien encuentra el espacio para profundizar y compartir sus experiencias de fe, para vivir la amistad y la fraternidad, y para animarse en el compromiso apostólico y cuando hay varias comunidades en una Ciudad, nos reunimos para eventos comunes, a celebrar, formarnos o para el servicio apostólico.
A nivel Nacional tenemos comunidades en 12 ciudades, 3 comunidades en línea de diferentes partes de la República y 12 comunidades que se están formando para incorporarse, una de ellas también en línea porque sus integrantes son de diferentes ciudades. Nos comunicamos en reuniones para planear y compartir, para capacitarnos y formarnos, para intercambiar experiencias apostólicas y una vez al año en Asamblea Nacional.
Una sola comunidad mundial
Nos decimos una comunidad mundial porque formamos redes entre las comunidades regionales, nacionales e internacionales para la formación, compartirnos materiales, experiencias y, cuando estamos en la misma ciudad varios grupos, nos reunimos para acciones comunes de tipo apostólico, celebraciones o en solidaridad con situaciones de vulnerabilidad.
Estamos en 85 países, 70 afiliados y el restante en proceso, agrupados para tener comunicación y cercanía. A nivel mundial, nos configuramos en 6 regiones: África, Latinoamérica, Norteamérica, Asía Pacífico, Europa y Oriente Medio.
Queremos como San Ignacio de Loyola, «en todo amar y servir»
Nos nutrimos de la Espiritualidad Ignaciana, desde el carisma que imprimen los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que nos impulsan a caminar hacia la libertad interior, por medio de la oración y el discernimiento que nos conducen al servicio, de tal manera que logremos “hallar a Dios en todas las cosas”.
Soñamos, oramos, compartimos y actuamos por un mundo más justo, constructor de paz, en diálogo, que tienda la mano al más vulnerable, que abone a la cultura del encuentro y del cuidado.